El día que Ford empezó a fabricar autos en México
En 1925, en una bodega junto a la estación de San Lázaro, 260 trabajadores armaron los primeros Ford Modelo T mexicanos: cinco al día. Así empezó la industria automotriz del país.
N.º 1 · Octubre de 2026 · 5 min de lectura

En la esquina de la calzada de Balbuena y Candelaria, junto a la estación del ferrocarril de San Lázaro, una antigua bodega de semillas se convirtió en 1925 en la primera planta de ensamble de automóviles del país. El 23 de junio de ese año se constituyó Ford Motor Company, S.A., y en aquella nave 260 trabajadores armaron sus primeros Ford Modelo T: cinco unidades el primer día. Ford señala que ahí comenzó la industria automotriz mexicana.



Una idea que tardó ocho años
El interés venía de lejos. En 1917, por invitación de Venustiano Carranza, Henry Ford envió investigadores a México. La inestabilidad de la posrevolución y la rebelión delahuertista retrasaron los planes: la decisión de instalar una planta se tomó en octubre de 1922 y la autorización llegó a fines de 1924. El 22 de mayo de 1925, EL UNIVERSAL dio la noticia de que Ford se establecía en el país.
La bodega, propiedad de don Ricardo Céspedes, se acondicionó con una inversión de 94 250 pesos oro. Su ubicación no era casual: la estación de San Lázaro, a unos pasos, permitía recibir las piezas por tren.
Obreros que volvieron de Detroit
Para armar automóviles hacía falta gente que supiera hacerlo. Ford resolvió ese reto de una manera que hoy parece adelantada a su tiempo: repatrió a obreros y técnicos mexicanos que trabajaban como inmigrantes en sus plantas de Detroit. Entre ellos llegaron Enrique Rangel Méndez, como gerente de producción; Julio M. Brunet, como superintendente de servicios de fábrica, y Manuel Treviño, Antonio Perea y Guillermo Buenrostro. Al frente de la empresa, como director gerente, quedó el ingeniero Adrián R. Lajous, originario de Parras, Coahuila, y egresado de la Universidad de Cornell. La presidencia la ocupaba Edsel B. Ford.



Cinco al día, luego veinticinco
La planta de San Lázaro tenía capacidad para 25 unidades diarias entre automóviles, camiones y tractores. El 20 de julio de 1925 se emitió la primera factura: Alejandro Mendoza compró cinco automóviles y tres camiones. Pronto se sumaron proveedores mexicanos, como La Consolidada, que surtía muelles y tornillería, y Frisco, que fabricaba acumuladores.
Los camiones Modelo TT se volvieron parte del paisaje: en los años veinte llevaban pasajeros por avenidas como Mérida, en la colonia Roma, y se disputaban la calle con tranvías, carretas y mulas.
Las llantas se inflaban con una bomba de bicicleta, la gasolina llegaba al carburador por gravedad y la reversa era más potente que las velocidades de avance.
Manejar un Modelo T
Quien se subía a un Modelo T tenía que aprender de nuevo. Tenía tres pedales: embrague, freno y reversa; el acelerador era una palanca bajo el volante. Como la gasolina bajaba por gravedad y la reversa tenía más fuerza, en las cuestas más empinadas convenía subir en reversa. Y el arranque era con manivela: si el motor «pateaba», podía lastimar el brazo de quien lo encendía.



De San Lázaro a La Villa, y de ahí al país
En 1932 la operación se mudó a una planta nueva en la calzada de Guadalupe y la avenida Henry Ford, en La Villa. Con los años llegaron las plantas de Cuautitlán, Hermosillo y Chihuahua, y la industria que empezó con cinco autos al día se convirtió en una de las más importantes de México.
Cien años después
Los Modelo T que salieron de San Lázaro hoy son piezas de colección, y muchos siguen rodando gracias a nietos y bisnietos de sus primeros dueños. Esa es, en el fondo, la historia de la FEMAAC: la de quienes reciben un auto y deciden cuidarlo. Si en su familia hay un Ford de aquellos años, cuéntenos su historia.
Fuentes: «Cien años de la llegada de Ford a México», EL UNIVERSAL; «Ford celebra sus 95 años produciendo autos en México», México Industry; Ford de México.
Por la redacción






